
Durante la pandemia de la COVID-19 en México, el estado de Baja California se convirtió en escala de expresión de las contradicciones del neoliberalismo. Con un índice de letalidad superior a la media nacional, y albergando a Tijuana, que presenta el mayor número de decesos entre los municipios del país; paradójicamente es el clúster más importante en Latinoamérica de fabricación de dispositivos médicos. Sin embargo, esta posición en el ranking industrial le sirve de poco al sistema de salud pública del estado, pues en el inicio de la fase 3 de la pandemia, se han ocupado casi la mitad de las 75 unidades de cuidado intensivo que dispone la entidad.
¿Cómo explicar esta disputa entre Estado y mercado? y ¿qué alternativas de solución puede impulsar la sociedad civil desde la economía social del conocimiento?