¿Colapsa la globalización?
Una aproximación espacio – temporal en la historicidad actual del capitalismo
Ciudad de México, primavera 2023
Ponencia presentada el 21 de marzo de 2023 en la Facultad de Economía de la UNAM
Carlos Sánchez

La producción de la escala global y del ciberespacio no habrían sido posibles bajo los fundamentos tecnológico – productivos del fordismo – keynesiano. La invención del micro procesador, el desarrollo del software, y su articulación con una forma organizativa y de dirección del trabajo centrada en la valorización cognitiva, creativa y cultural de las clases subalternas, permitieron la superación de la crisis estructural del capitalismo, ante la insuficiencia de la macroeconomía keynesiana para resolver el cambio histórico y la consecuente erosión del Estado de bienestar.
El auge de una nueva etapa expansiva del modo de producción capitalista, habilitada por torrentes de capitales financieros de riesgo bajo su envoltura neoliberal, posibilitaron el despliegue de una red de telecomunicaciones de alcance supranacional. El entramado terrestre, submarino y satelital, que configura tal infraestructura, permitió la aceleración del tránsito de personas y mercancías en el espacio del mercado, la rejerarquización y articulación de localidades y escalas, y la reconfiguración de las relaciones sociales de producción: esto es el ensanchamiento de las posibilidades de lo real a partir de una nueva división escalar del trabajo, una readaptación del espacio y la producción del ciberespacio como escala inédita de la historicidad actual del capitalismo.
En principio es la globalización – escala característica de la actual fase de desarrollo – la que está moldeada por el neoliberalismo, como su principal, aunque declinante modalidad de desenvolvimiento. La división escalar del trabajo impuesta por la globalización neoliberal implicó el abatimiento de la preponderancia de la escala nacional, el auge de la articulación directa entre lo local y lo supranacional – es decir lo “glocal” -, el despliegue de redes de producción globales que se sintetizan en la premisa “Diseñado en California, ensamblado en China”, y el consecuente proceso de elitización de las localidades y las escalas en función de la valorización cognitiva o física de la fuerza de trabajo, este último proceso radicalizado recientemente por los capitales financieros especulativos internacionales.
El bloque histórico o entramado social – escalar que se entrelazó con la nueva base tecnológica – productiva en los Estados Unidos bajo una modalidad neoliberal, se compone de los siguientes tres bloques sociales: Un primer bloque social en posición subordinada, que emerge del agotamiento exhaustivo del fordismo – keynesiano, y la estructura económica de la nueva historicidad del capitalismo, aprovechando la ruptura del pacto social fordista, particularmente la solución de los problemas sociales de las clases subalternas a través de los sindicatos.
Este primer bloque está compuesto por grupos dominantes del complejo automotriz, metalmecánico y petroquímico, que impulsaron la deslocalización industrial de los eslabones bajos y medios de valor agregado hacia los estados del norte de México; conservando y desarrollando los eslabones de alto valor cognitivo agregado vinculados con las tareas de concepción y diseño de productos, produciendo así una nueva división interindustrial y escalar del trabajo.
Esto ha implicado un desplazamiento continuo de las clases trabajadoras estadounidenses desde las actividades industriales hacia los servicios, progresivamente controlados por las nuevas tecnologías, un incremento de las condiciones de pobreza, vulnerabilidad social y consumo de drogas de las clases subalternas, y la desterritorialización del noreste de los Estados Unidos, hoy conocido como Rust Belt o cinturón de oxido. En suma, la pulverización del American Way of Life.
Un segundo bloque social en posición dominante, se compone a partir de la emergencia de emprendedores schumpeterianos en el sector electrónico y de las telecomunicaciones, habilitados por agentes financieros de capital de riesgo – Venture Capitals – de Wall Street, quienes incorporan a fracciones de las clases subalternas a partir de la valorización cognitiva y creativa de su fuerza de trabajo con el fin de llevar a cabo nuevas combinaciones en el ámbito de la producción (innovación schumpeteriana), es decir expandiendo las posibilidades de lo real. Estas fracciones sociales están compuestas de grupos minoritarios de jóvenes, afroamericanos, y migrantes latinos y asiáticos, así como de movimientos sociales feministas, anti – racistas, multiculturales, ambientalistas y lésbico – gay.
Se estableció una nueva hegemonía a partir del transformismo desde las clases dominantes hacia las subalternas, cuya integración ya no fue mediante el Estado sino a través del espacio del mercado como agente más eficiente de representación de lo social, y solución de sus problemas por medio de la capacidad individual y la competencia. En este segundo bloque tiende a cobrar mayor importancia el rol de la esfera financiera de riesgo para el sustento de innovaciones en el ciberespacio como Uber, Airbnb, Whatsapp, y su correspondiente vinculación financiero – especulativa en el mundo real; mientras que escalarmente, ha significado la territorialización del suroeste de los Estados Unidos, particularmente de California y específicamente de Silicon Valley.
Un tercer bloque social está compuesto por los restos o residuos de las clases subalternas del Fordismo – Keynesiano, adversas al orden mundial capitalista impuesto por los Estados Unidos en la posguerra, quienes aprovechando la base estructural de la nueva historicidad del capitalismo, buscan aportar soluciones a los problemas sociales utilizando el ciberespacio a partir del cooperativismo digital – Comunas digitales como Linux -, fuera de la trama neoliberal pero dependiente de ella en términos del despliegue de la infraestructura de telecomunicaciones.
Los bloques sociales dominantes son el segundo y el primero. En el segundo, las fracciones de capital financiero han aportado el sustento para el ascenso de este bloque a una posición hegemónica, a partir de la complejización del proceso de titularización financiera y la liberalización de los mercados financieros a escala global.
Las primeras antítesis de la hegemonía de la globalización neoliberal tomaron forma en México y el resto de Latinoamérica con el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el movimiento estudiantil del Consejo General de Huelga en la Universidad Nacional Autónoma de México; así como en las manifestaciones masivas de descontento social en países como Argentina y Brasil, que posibilitaron el ascenso de líderes políticos identificados con la izquierda electoral como Néstor Kirchner y “Lula” da Silva respectivamente; además de los movimientos globalifóbicos al interior de los propios Estados Unidos, particularmente la batalla de Seattle contra la Organización Mundial de Comercio en 1999; todos ellos caracterizados por el uso del ciberespacio para difundir la protesta a escala global.
Sin embargo, su punto de inflexión más claro derivó de sus propias contradicciones internas. Si el estallido de la burbuja especulativa de las empresas punto com de Silicon Valley, y el derribamiento de las Torres Gemelas del Centro Mundial de Comercio en Nueva York incidieron en el auge del capitalismo y el Estado de vigilancia en el espacio virtual; sin duda la crisis financiera de 2008 implicó el cuestionamiento de los siguientes fundamentos de la globalización neoliberal: 1. del mercado como el plano más eficiente de representación y solución de los problemas sociales; 2. de la teoría económica clásica y neoclásica como su matriz teórica; 3. de la viabilidad de la divergencia entre capital financiero y capital productivo en el largo plazo, del cual es expresión la reciente quiebra del Silicon Valley Bank en California; y 4. de la división inter-industrial y escalar del trabajo.
Esta última se ha acentuado a raíz de la crisis sanitaria provocada por la COVID – 19 y el conflicto militar entre Rusia y una Ucrania habilitada por la OTAN, resultando en un atrofiamiento de las redes de producción globales; primero en sus eslabones de alto valor cognitivo agregado de suministro de semiconductores; y después en los eslabones de medio y bajo valor agregado, de producción y distribución de combustibles fósiles y materias primas; configurando un nuevo escenario de estanflación, similar al que dio pie a la crisis histórica del capitalismo Fordista – Keynesiano, pero sin su componente económico – estructural.
¿Nos encontramos ante el colapso de la globalización? El declive neoliberal está reconfigurando lo global en su relación con las escalas local, y regional, bajo las premisas de la escala nacional de las potencias dominantes debilitadas; un replanteamiento obligado por su disminuída capacidad de convocatoria, y por la disputa hegemónica escalar con el Estado competitivo chino, que contrapone al repliegue de la globalización neoliberal, una producción del espacio bajo las determinantes de su propia modalidad de desarrollo, expresada en la iniciativa de la Ruta de la Seda, que tiene por objetivo último, el desplazamiento del epicentro de la dinámica de la economía global desde el Atlántico hacia el Pacífico.
En síntesis, no es el colapso de la globalización como escala singular de la actual historicidad capitalista, sino el remoldeamiento del espacio macroregional y el ciberespacio por modalidades opuestas de desarrollo, que si bien comparten una misma base tecnológica con innovaciones disruptivas como la Inteligencia Artificial, el cómputo cuántico y el despliegue de redes de telecomunicaciones 5G; la trama socio institucional neoliberal en declive tenderá a constreñir lo global, mientras que la trama opuesta en ascenso, tenderá a expandirlo.
Los resultados de estas tensiones escalares a las que asistimos, sin duda son inciertos, pero dependientes en última instancia de la correlación de fuerzas sociales al interior de los bloques históricos de ambas potencias en pugna. Si las tendencias actuales se mantienen por el mismo cauce, se perfilan los siguientes procesos de contracción y expansión de lo global: 1. desterritorialización de la Unión Europea, es decir, su paulatina desintegración político – económica debido a sus contradicciones internas y a su ubicación nuevamente como arena de disputa entre dos grandes potencias, ahora los Estados Unidos y China; 2. reterritorialización de la macro región norteamericana encabezada por los Estados Unidos, junto con Canadá y México, caracterizada por el near o close shoring como rearticulación de la división inter – industrial y escalar del trabajo; 3. reterritorialización del Este Asiático, África, y Centro y Este de Europa, moldeado por el Estado competitivo chino en su esfuerzo por dar el aldabonazo final a la hegemonía estadounidense; y finalmente, 4. disloque del resto de Latinoamérica y profundización de su condición periférica en el Orden Global postpandemia, debido al estrechamiento de las oportunidades de organización y movilización social de las clases subalternas, que se encuentran en la antípoda de la confrontación escalar. El robustecimiento de la posición económica de las fracciones dominantes agro – minero exportadoras (derivado del incremento de los precios de materias primas), fuertemente adversas al riesgo y al cambio estructural, dificulta que una emergente coalición de líderes de izquierda en la región, incida en el reposicionamiento de la misma en el escenario global.