Big data e inteligencia artificial, capitalismo, mercado y democracia: ¿imperialismo o revolución social?

Ciudad de México, otoño de 2023

Ponencia presentada el 30 de noviembre de 2023 en la Tercera Edición Internacional de la Jornada Científica de Otoño

Carlos Sánchez

El Big Data entendido como conjunto de información estructurada y no estructurada que potencialmente puede ser almacenada, procesada y analizada con fines estratégicos, tuvo como detonante el auge del sistema financiero internacional en los Estados Unidos durante la década de los años ochenta.

La necesidad de la esfera del capital financiero de maximizar sus ganancias, requiere de eficientar y acelerar los procesos financieros asociados a este objetivo, por lo que utiliza una serie de tecnologías para recopilar y analizar información con el fin de perfilar y caracterizar a individuos y sectores sociales bajo su influencia económica(Lewis, 2014).

El germen de este fenómeno puede ubicarse durante la emergencia del sistema bancario en las sombras o shadow banking system en los Estados Unidos. Este sistema bancario paralelo a la banca comercial, fuera de la regulación keynesiana y aprovechando la capacidad de procesamiento de datos del microprocesador y el desarrollo del software, permitió a la esfera del capital financiero el desarrollo de la innovación de la titularización hipotecaria, el cual consiste en la conjugación de miles de hipotecas en una sola bolsa, evaluando su estado, de pago o impago, a partir de métodos probabilísticos y estadísticos, inoculando los principios de incertidumbre, opacidad y especulación a la evaluación del conjunto de la bolsa.

Lo anterior detonó la necesidad de recopilar masivamente los datos de los individuos por parte de los agentes bancarios y financieros, y con ello la capacidad de almacenarlos, procesarlos, sistematizarlos y analizarlos con el fin de maximizar la valorización del individuo. A partir de una caracterización precisa de sus clientes potenciales, el sistema bancario puede ofertar una serie de servicios personalizados, como financiamientos hipotecarios, automotrices y educativos; seguros de vida, de salud, de desempleo, servicios turísticos y de entretenemiento, etcétera.

Esto ha significado la absorción progresiva del interés de lo social y de la resolución de los problemas sociales vía el mercado en general y la financiarización en específico. Problemas sociales como la salud, la educación, la vivienda, y el empleo, comenzaron a ser colmados en el espacio del mercado en detrimento del Estado, aprovechando la explosión en la producción de datos personales y sociales, o Big Data, y su procesamiento y análisis con fines capitalistas (Harari, 2015).

En torno al auge del Big Data y la valorización capitalista de la información de los individuos y la sociedad, orbitan una serie de problemas tecnológico – sociales. Desde la posesión de la infraestructura y la materialidad necesarias para realizar el almacenamiento de los datos, pasando por el diseño en el desarrollo del software con la capacidad de analizar tal cantidad de información, hasta la atracción por parte del capital financiero de individuos altamente especializados en la materia (migración), y la producción de nuevas escalas como lo global y el ciberespacio, así como la garantización de la privacidad de los datos personales en estas nuevas escalas, principalmente de los inversionistas.

La capacidad de arrastre de recursos financieros extraordinarios por parte del sistema bancario en las sombras, habiltó una gama de empresas tecnológicas emergentes del sector electrónico y de las telecomunicaciones. Si bien este nuevo núcleo industrial que configuró y moldeó las redes de producción globales impulsó el ascenso de una nueva fase de desarrollo del capitalismo o Capitalismo del Conocimiento desde la década de los ochentas del siglo XX; una serie de empresas informáticas que se desplegaron en el ciberespacio de la Internet aprovechando el soporte material aportado por las primeras, configuró la burbuja que estallaría en la crisis de las empresas tecnológicas.com en 2001 – 2002.

Las perspectivas favorables de futuro que proporcionó la etapa ascendente de la nueva fase, provocó la euforia de los inversionistas en torno a los valores asociados a las empresas tecnológicas, que no necesariamente contaban con modelos de negocio que aportaran sustentabilidad y ganancias financieras en el largo plazo. El overtrading de estos activos, es decir la especulación o sobre estimación de sus rendimientos futuros y el apalancamiento excesivo, generó una burbuja o manía que derivaría en una situación de pánico ante la ausencia de rendimientos crecientes en el sector tecnológico ciberespacial, produciéndose el estallido o crack a partir de un incremento en la política de tasas de interés impuesta por la Reserva Federal en 2001.

La presión de los capitales financieros de riesgo hacia las empresas tecnológicas para obtener ganancias extraordinarias en el sector tecnológico, orilló a firmas como Google a inaugurar lo que Zuboff (2020) etiqueta como un capitalismo de vigilancia a partir de la valorización del “excedente conductual”. El excedente conductual hace referencia a un conjunto de datos colaterales al texto de búsqueda, tales como la hora, la ubicación, el género, la edad, el historial de búsqueda, entre otros. Esta información permite a los algoritmos que la analizan, ahora potenciados por inteligencia artificial (IA), elaborar un perfil cada vez más preciso de los gustos y preferencias de los usuarios, de tal suerte que se obtiene un alto grado de probabilidad de que eligan acceder a la publicidad presentada por el buscador. Se genera así un circuito virtuoso entre datos, publicidad y gananacias extaordinarias, en el cual la infomación de los cibernautas se convierte en la materia prima principal de este proceso de valorización capitalista.

Paralelamente, el derribamiento de las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York en 2001, aceleró la imposición de un Estado de vigilancia implementado por la Agencia Central de Inteligencia y la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, aprovechando la posesión de este gobierno y de sus empresas, de una parte importante de la infraestructura de telecomunicaciones que hace posible el despliegue de Internet a escala global (Snowden, 2019). Cableados submarinos, sistemas satelitales de posicionamiento, y centros de almacenamiento, son parte del hardware que contiene a la Big Data; mientras que softwares de alta potencia permiten procesar y analizar cantidades masivas de información con el fin de realizar tareas de ciberespionaje de prácticamente ciudadanos y gobiernos de todo el mundo.

De esta forma, lo que en sus inicios representó la producción de la Internet en la escala de lo virtual como un espacio social libre, anónimo, colaborativo, y creativo; aislado de los rasgos más distintivos de la lógica del capital: la división de la sociedad en clases sociales y su división socio – digital del trabajo, de la enajenación de los medios de producción, del producto del trabajo colectivo y de su valor, es decir un comunismo digital; pasó a ser progresivamente conquistado, absorbido y capturado por la lógica del mercado y su Estado capitalista – vigilante nocturno. Este es el tránsito más acelerado que la historia de la humanidad ha testificado de un espacio social, desde un comunismo primitivo – digital hasta un capitalismo de vigilancia, sin fases intermedias y sin revolución ciber – social.

Así, la capacidad de influencia del análisis de la Big Data mediante inteligencia artificial, facilitan al sistema el moldeamiento de las decisiones de los individuos como consumidores en el mercado, así como de los electores en las urnas; configurando un escenario de cuestionamiento a la llamada racionalidad del individuo smithiano y su accionar en la esfera de la economía, y profundizando la “natural” compatibilidad entre democracia y sociedad capitalista como plantea Roig(2005, p. 54), es decir una democracia suficientemente viciada para ser compatible con los intereses del capital financiero.

La progresiva implementación de la inteligencia artificial no sólo en el ámbito del capital financiero, sino su instauración en la esfera del capital productivo, tiene el potencial de desplazar a gran escala una serie de empleos tanto especializados como no especializados a partir del robustecimiento de la capacidad regenerativa de la IA. Robotización de tareas vinculadas con los eslabones medios y bajos de las redes de producción globales, como la manufactura y el ensamble de productos industriales; así como la concepción y el diseño de productos de alto valor cognitivo agregado y la oferta de servicios vinculados a ello, conjugan una serie de actividades productivas de las cuales las clases subalternas pueden ser potencialmente desplazadas, aniquilándose masivamente el empleo y estrechándose aceleradamente la brecha de oportunidad para la creación de nuevos, que tendrían lugar solamente a partir de la ultra – especialización.

La resultante del fenómeno anterior sería el establecimiento de una sociedad súper elitizada para la cual la existencia misma de los grupos subalternos tendería a perder sentido debido al término de su explotación y extracción de plusvalor. Esto implicaría el desvanecimiento de las relaciones sociales de producción capitalista, particularmente la división social del trabajo primero y la división de la sociedad en clases sociales después. Esto es, la superación del capitalismo y el tránsito hacia una nueva fase por la propia clase dominante y no por la clase proletaria en una situación de revolución: la lógica de la lucha de clases en el ciberespacio aplicada en el mundo real.

El desarrollo y despliegue progresivo de una serie de tecnologías disruptivas centradas en la IA, el cómputo cuántico y las telecomunicaciones, llevarían no a una nueva fase de desarrollo del capitalismo sino al robustecimiento del imperialismo previo a la superación del actual modo de producción. Este escenario límite de aniquilación del empleo y de la existencia misma de la clase subalterna, abre la necesidad del replanteamiento de la organización y la movilización social en el marco de una globalización caracterizada por la pobreza y la desigualdad social, en la que los Estados Unidos acentúan su posición dominante en el ciberespacio y en el Orden Global, a partir de la posesión de la infraestructura física que hace posible el despliegue de Internet.

América Latina resulta especialmente vulnerable a este proceso debido a un muy débil desarrollo de su sector científico tecnológico en el campo de la IA, contribuyendo apenas con menos de tres por ciento de las publicaciones sobre el tema en revistas especializadas a nivel mundial. La ausencia de soberanía tecnológica – digital en América Latina, es decir su falta de posesión y control de la materialidad de la Internet, determina su posición subordinada en el Sistema Internacional de Hegemonía de Estados. Se profundiza la relación centro – periferia, no solamente con los Estados Unidos como potencia declinante, sino ahora además con China como potencia ascendente y centrada en el desarrollo de tecnologías disruptivas.

Esta posición subordinada de Latinoamérica en un factible nuevo Orden Global postpandémico, facilita la implementación de plantas industriales de manufactura y ensamble robotizadas y gestionadas por IA por parte de empresas trasnacionales, profundizando el fenómeno de aniquilación de empleos y producción de tecnoenclaves en el Sur Global. En un nuevo escenario macroeconómico bajo el neoliberalismo y sus derivaciones bizarras, determinado por bajas tasas de crecimiento, alta inflación y altas tasas de interés (McKinsey & Company, 2023); es previsible un disloque latinoamericano como resultado del recrudecimiento de los problemas asociados a la desindustrialización e imposibilidad del cambio estructural: pobreza, desigualdad social, violencia, e incremento de los flujos migratorios hacia los tecnoenclaves regionales norteamericanos.

El arraigamiento del imperialismo en Latinoamérica, que implica no sólo el atrofamiento del cambio estructural sino la pérdida de sentido del conjunto tupido de planos superestructurales: filosófico, político, económico, científico y social, requiere de una nueva sujetividad social que traiga consigo una renovada moralidad de la protesta y la organización social latinoamericana (Roig, 2002). La envergadura de los retos que trae consigo un posible tránsito hacia un nuevo Orden Global, la brecha del atraso, y la crisis superestructural, hacen necesario un nuevo ímpetu de la integración de América Latina con el fin de superar el histórico rol de subordinación y periferia en la conformación de un nuevo Sistema Internacional de Hegemonía de Estados.

Si bien una parte de la solución al dilema de la integración cruza por la recomposición de fuerzas sociales al interior de sus Bloques Históricos como plantearía Gramsci, previo a ello se hace ahora indispensable quebrar la ideología centrada en el individuo y su éxito social vía el mercado, progresivamente impuesta por el capitalismo a partir de la derrota de los movimientos sociales de 1968 (Fernández, 2018) y profundizada por su modalidad neoliberal, haciendo cada vez más compleja la tarea de recomposición de tejido social en una sociedad paradójicamente híper conectada.

Entonces cobra sentido retomar la categoría de a priori antropológico de Roig (1981) para plantearnos la construcción de una nueva sujetividad que nos lleve al desate, entendido aquí como una desconexión de la lógica impuesta por el capital financiero desde el ciberespacio y paulatinamente extrapolada al mundo de las posibilidades de lo real, que permita un “regreso a la naturaleza” por medio de una “revolución cultural” (Gramsci, 2013). Es decir, el establecimiento de nuevas relaciones sociales postneoliberales que reconfiguren las actuales balanzas de poder nacionales a favor del imperialismo, y conduzcan hacia nuevas estructuras sociales en búsqueda del objetivo de la integración latinoamericana.

Referencias

Fernández, F. (2018, mayo). Tres pistas para intentar entender mayo del 68. El viejo topo, (364), pp. 12 – 17.

Gramsci, A. (2013). Socialismo y cultura. En A. Gramsci. (Aut.), Antología. Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán (pp. 21 – 24). España: Akal.

Lewis, M. (2014). Capítulo 5: Poniéndole cara a la alta frecuencia. En M. Lewis. (Aut.), Flash Boys. La revolución de Wall Street contra quienes manipulan el mercado (pp. 159 – 186). México: Paidós.

Harari, Y. (2015). Capítulo 9: La gran desconexión. En Y. Harari. (Aut.), Homo Deus. Breve historia del mañana. (pp. 262 – 296).

McKinsey & Company. (2023). The Great Banking Transition. The Global Banking Annual Review 2023. McKinsey Global Financial Services Marketing and Communications.

Roig, A. (2005). Cabalgar con Rocinante. Democracia participativa y construcción de la sociedad civil. Pensares. Quehaceres. Revista de Políticas de la Filosofía, (1), 43 – 64.

Roig, A. (2002). Ética del poder y moralidad de la protesta. La moral latinoamericana de la emergencia. Quito: Universidad Andina Simón Bolívar, Corporación Editora Nacional.

Roig, A. (1987). Nacionalidades, nacionalidad continental y cultura en nuestra América. En N. García et al. (Aut.), Temas de cultura latinoamericana (pp. 71 – 101). México: Universidad Autónoma de Estado de México.

Roig, A. (1981). Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano. México: Fondo de Cultura Económica.

Snowden, E. (2019). Permanent Record. New York: Metropolitan Books.

Zuboff, S. (2020). Capítulo 3: El descubrimiento del excedente conductual. En S. Zuboff. (Aut.), La era del capitalismo de vigilancia. La lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder. México: Paidós.

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