Crisis del Orden Global: sustento coercitivo – militar de la hegemonía estadounidense en Medio Oriente

Ciudad de México, primavera de 2024

Ponencia presentada el martes 12 de marzo de 2024 en el ciclo de conferencias Una aproximación interdisciplinaria a Palestina en la Universidad del Mar

Punteo de la ponencia

  1. Declive neoliberal de los Estados Unidos: crisis financiero – productiva de 2008, COVID – 19, conflictos militares.
  2. Auge del Estado competitivo chino y despliegue de la Ruta de la Seda: procesos de integración y desintegración económica internacionales.
  3. Pérdida de la capacidad hegemónica de los Estados Unidos en sentido gramsciano: coerción sobre consenso. Debilitamiento de la coraza institucional estadounidense internacional para resolver las crisis.
  4. Importancia estratégica económica comercial de Medio Oriente: pérdida de peso específico de los EUA en el comercio de la región.
  5. Pérdida de terreno ante el avance chino y su estrategia de la Ruta de la Seda.
  6. Incorporación de aliados estadounidenses para contrarrestar la influencia china en la región con predominio de la vía coercitiva a través de su aparato militar.

Desarrollo

La viabilidad del Sistema Internacional de Hegemonía de Estados moldeado por los Estados Unidos bajo su modalidad neoliberal de desarrollo a partir de la década de los años 80 del siglo XX, se encuentra en una stuación de debilidad teniendo como punto de inflexión la crisis financero – productiva global de 2008. Esta crisis implicó el cuestionamiento de los siguientes planos teórico – sociales: 1. la capacidad explicativa y predictiva de la matriz teórica de la economía clásica y neoclásica como sustento de la modalidad neoliberal; 2. la fiabilidad y eficiencia de la esfera del mercado en contraste con el Estado para absorber la representación de lo social y solucionar su conjunto de problemas a través de la financiarización; 3. la convergencia entre las esferas del capital productivo y financiero para aportar un nuevo impulso de crecimiento económico en la actual fase de desarrollo o Capitalismo del Conocimiento; 4. la sostenibilidad a largo plazo de las macroregiones de integración económica eminentemente neoliberales: principalmente Norteamérica y la Unión Europea; y 5. la capacidad de la coraza institucional internacional del propio Sistema de Estados, principalmente de la Organización de las Naciones Unidas, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, como instrumentos político – financieros para resolver los conflictos internacionales a partir del consenso.

La concatenación de esa crisis con el atrofiamiento de las redes de producción globales causada por la pandemia COVID – 19, así como los recientes conflictos militares entre Rusia y Ucrania. y Palestina e Israel, han configurado un escenario macro económico de estanflación en Occidente, que si bien no es resultado de una crisis estructural del capitalismo, como la presentada durante la década de los años setenta, sí es una crisis del neoliberalismo como vía de desarrollo atlántico – hegemónica, que coloca en tela de duda el rol de los Estados Unidos como jefe y guía de un sistema de alianzas y de acuerdos de alcance global.

El debilitamiento de los Estados Unidos como representante de las fuerzas progresistas de la historia, pone de manifiesto la fragilidad de su capacidad de presión diplomática de gran potencia, es decir, la eficacia de su presión diplomática para obtener una parte victoriosa en los resultados de una guerra sin la necesidad de combatir.

El auge del Estado competitivo chino y el empuje de la construcción de su propio Sistema Internacional de Estados significa una fuerza abrasiva que erosiona la debilitada hegemonía estadounidense en las escalas de lo global y del ciberespacio. La estrategia china de la Ruta de la Seda, que puede ser entendido como el Plan Marshall chino en el siglo XXI, implica un despliegue de infraestructura terrestre, aérea y marítima para conectar a China continental con el resto del Este Asiático, Medio Oriente y Europa, con el fin de proyectar su modalidad de desarrollo a este conjunto de regiones, asegurar una serie de materias primas y capitales circulantes para su propio desarrollo industrial y comercial, incrementando su capacidad de influencia en el resto del mundo, en suma: hacer transitar el epicentro de la economía global desde el Atlántico hacia el Pacífico propinando eventualmente el aldabonazo final a la hegemonía estadounidense.

La conjugación de situaciones anteriormente descritas expresan una crisis del actual Orden Global encabezado por los Estados Unidos y progresivamente sustentado cada vez más en la coerción que en su capacidad de consenso vía el despliegue de su complejo militar a escala internacional. La disminución de la influencia económica de los Estados Unidos en la región del Medio Oriente y el Norte de África es evidente. China se ha colocado en los primeros lugares como socio importador del conjunto de países de la región: primero en Arabia Saudita, Jordania, Yemen, Kuwait, Argelia, Egipto, Emiratos Árabes Unidos e Irán; segundo en Bahrain, Israel, Turquía y Omán; tercero en Marruecos e Irak; cuarto en Qatar. Mientras que para más de la mitad de estos países se encuentra entre los tres primeros destinos de sus exportaciones.

En respuesta a la creciente influencia china y su estrategia de la Ruta de Seda en la región del Medio Oriente, los Estados Unidos han anunciado el despliegue de la Asociación para la Infraestructura Global y la Inversión (U.S. Partnership for Global Infrastructure and Investment) en conjunto con los países que integran el Consejo de Cooperación del Golfo (Gulf Cooperation Council): Bahrain, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, a quienes se adhieren Egipto, Irak y Jordania.

La Asociación tiene como objetivo central, evitar la pérdida progresiva de influencia de los Estados Unidos en la región ante potencias emergentes principalmente China y la India, asegurando su control en la región de actividades relacionadas con la minería de metales críticos para la manufactura de baterías; el despliegue y la expansión de redes de información y telecomunicaciones inalámbricas 5G y 6G bajo posesión de la infraestructura en manos estadounidenses con el fin de asegurar el control del ciberespacio; así como el aseguramiento de los flujos de comercio y energía internacionales por los estrechos de Bab al – Mandab por el que cruza una cuarta parte del transporte marítimo mundial, y el de Hormuz por el que transita el cuarenta por ciento de la energía mundial diariamente.

La vía para cumplir los objetivos de la Asociación para la Infraestructura Global y la Inversión en Medio Oriente y el Norte de África está centrada principalmente en la coerción a través de acuerdos de cooperación en seguridad con los aliados estadounidenses del Consejo de Cooperación del Golfo con el fin de deplegar e integrar una red regional de defensa aérea y marítima, impulsando la proliferación de sistemas aéreos no tripulados y de misiles para incrementar su capacidad de disuasión frente a potencias emergentes y grupos catalogados como terroristas por los servicios de inteligencia estadounidenses.

Esta estrategia coercitiva de los Estados Unidos tiene como resultante que países de la región como Arabia Saudita y Qatar ocupen el segundo y tercer lugar respectivamente entre los principales importadores de armamento del mundo, teniendo a los Estados Unidos como su proveedor principal, además de los Emiratos Árabes Unidos y Kuwait en onceava y doceava posición con el mismo país de suministro central. De esta forma se expresa en Medio Oriente el declive de la hegemonía neoliberal estadounidense y el sustento de su Sistema Internacional de Estados cada vez más basado en la coerción que en el consenso a través del despliegue de su complejo militar, abriéndose la incógnita de la sustentabilidad de esta estrategia en el largo plazo y la posibilidad del tránsito hacia un nuevo Orden Global a partir de una confrontación militar de gran escala con el Estado Chino.

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